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lunes, 15 de marzo de 2010

El fin del mundo, y un despiadado país de las Maravillas. De Haruki Murakami.

La razón de que los títulos de algunos libros de Murakami sean tan largos, es porque en japonés apenas ocupan unos kanjis. Y la pena de ello, es la cantidad de matices que pueden obtenerse del significado de los mismos.


A la mitad de la lectura del libro pensé en la sinopsis que tendría que escribir. Fue cuando me dí cuenta que los personajes no tenían nombre. Trescientas páginas. Diez personajes que ya podía distinguir entre si, y ningún nombre. Ninguno.


Los capítulos se alternan entre el Despiadado País de las Maravillas, una suerte de Tokio actual, y el Fin del Mundo, una ciudad amurallada dónde sus habitantes han de vivir sin sus sombras. Es un libro sobre recuerdos, sobre perder y recuperar cosas. Sobre la sensación de cómo el mundo cambia y como esos cambios dejan patentes los huecos que la rutina simula llenar.

Me encantan los personajes de la historia. Como juegan con lo cotidiano. Como la sola importancia de la elección de un sofá es importante. Lo lees, y lo entiendes. Es la maravilla por lo cotidiano. Hechos simples que al final, llevan un gran significado. 

Siempre que se habla de Murakami hay que meter al menos algunas de sus demoledoras frases:

"Una vez que has perdido una cosa, aunque esa cosa deje de existir, la sigues perdiendo eternamente. ¿Lo entiendes?"

Como curiosidad, dicen que este es el libro favorito del autor. Pese a su tardía publicación, es uno de los primeros que escribió. Espero que los que sigan a After Dark sean mejores que ese, y vuelva a su nivel habitual.

miércoles, 20 de enero de 2010

Tokio Blues, Haruki Murakami



Que los gafapastas se hayan "adueñado" de este autor, es tan desquiciante como que el padel se considerara de pijos sólo porque Aznar lo practicara.
Murakami es, como poco, uno de los escritorios contemporáneos que mejor sabe crear personajes inolvidables, a base de otorgarles frases geniales en sus diálogos, cavilaciones increíblemente bien reflexionadas y personalidades creíbles y entrañables.

Tokio Blues fue el primero que me leí y no pude dejar de anotar en una libreta partes de los diálogos mantenidos entre sus protagonistas. La mayoría divertidos, díscolos... otros profundos y sabios.

Es de los pocos libros que me han dado ganas de releer cuando pase un tiempo, porque no sólo te atrapa la historia, sino sus personajes. Acabarlo es como una despedida prematura de alguien a quien te gustaría seguir conociendo.

La historia está contada en primera persona por un hombre que, al oír una canción de los Beatles por la megafonía de un avión, sufre un angustioso flashback al pasado, lo que le hace querer escribir el porqué de esa angustia. Básicamente una triste historia de amor y desamor, nada típica, nada empalagosa... marcada por dos chicas (sucede cuando el hombre tiene veinte años); la que ama y la que consigue crear una estrecha relación de amistad con él, ya de por sí bastante solitario. Dos chicas diametralmente opuestas, dos caracteres diferentes que marcan al chico que veinte años después se monta en aquel avión.

Muy recomendable.