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lunes, 10 de mayo de 2010

Mala gente que camina, de Benjamín Prado.



Creo que la gente que vea esta sinopsis la pasará por alto si me conoces. ¿Por qué? Creo que ya he machacado a todo el mundo con lo de puta madre que es este libro.

Los personajes son interesantes. Todos. Hasta la madre del protagonista, y eso que las madres son las criaturas más maltratadas en todo tipo de literatura.
Él es un filólogo de hispánicas, funcionario y jefe de estudios en un instituto. Cuando prepara una charla sobre una autora de la guerra civil, descubre a otra que parece ser un diamante en bruto. Una obra que ha pasado desapercibida. El sueño húmedo de cualquier filólogo.

- Claro- dirán. - Que eso le ponga súper bruto a un filólogo me parece loable, Entrari. Pero yo soy un ciudadano (o ciudadana) de a pie. La disertación de un tío de hispánicas durante cuatrocientas páginas sobre un libro me parece abusivo.

MEEEEEEEEEEEC. Error. Primero, son cuatrocientas y pico páginas. Y para seguir, el escritor tiene un speech demoledor. No es metaliteratura.

Cuando leo hay veces que alguna frase me impresiona, o creo que me gustaría recordar. La forma de guardarlas es apuntarlas. Para ello doblo ligeramente una esquina de la hoja para volver a ella cuando encuentre un sitio donde pueda tomar notas. Bien, este libro tuvo hojas dobladas que pasé un rato devolviéndole a la normalidad antes de retornarle a la biblioteca. De hecho, quiero comprármelo y a prestarlo a quien aprecie. Juzguen ustedes.

Este fin de semana pedí  “Jamás saldré vivo de este mundo”, del mismo autor. Relatos cortos geniales que dejan claro que el nivel de este señor es la excelencia. Para mí, Benjamín Prado es el Haruki Murakami español. Eso, es lo más grande que puedo decir de un escritor. (pero la sinopsis de este libro tardará algo más, por motivos onomásticos he paralizado su lectura, pero no teman, tengo cinco más de otra gente pendientes).

PD: Con este libro, chica del bibliometro, te has resarcido. Aunque debo de decirte que Plenilunio (el de Antonio Muñoz Molina, no es del vampiros que brillan) es un poco pesado.  Un poco bastante.
PD2: Denle una oportunidad al libro. Que hasta la portada es una forma velada de la bandera de la republica.

viernes, 19 de febrero de 2010

¡Esa Luz!, Carlos Saura

Es posible saturarse de algunos tipos de literatura.

Estaba ya por mi quinto, o sexto, libro encadenado de ciencia ficción. Una voz dijo algo coherente: “Deja de leer a ese tipo interminable ya”. El tipo interminable es Alastair Reynolds. Pocas veces tantos libros de un mismo autor me han hecho tan feliz. La verdad es que para apreciar lo bueno que puede llegar a ser un género, has de salir un rato de él para echarlo de menos. Y eso hicé.

¡Esa Luz! es un libro que llevaba en mi estantería más de 6 años. Encontrado en un autobús, o en la basura (un día hablaré de muchos libros que he rescatado de esa forma), pasó a formar parte de mi colección de libros “que un día leeré”.

Antes de esta, he hecho un resumen de este libro con un bolígrafo en la boca. Esto ha provocado incontrolable risa a una persona que conducía un coche por autovia mientras oía dicha sinopsis. Para que digan que leer no es un deporte de riesgo.

Doscientas cincuenta páginas de guerra civil. Un libro ingerido en un día. Ha sido como leer una historia más de las contenidas en el Corazón Helado de Almudena Grandes. Básicamente, el año 36. Guerra Civil, una familia que se rompe al ir el marido a la redacción de su periódico en Madrid cuando los nacionales toman San Rafael y su casa en el proceso. Su mujer e hija parten a Zaragoza  dónde la espera su hermana de derechas. Os podéis imaginar el resto. Aquí los dos bandos son igual de malos. El conflicto se analiza desde la gente que lo vive. Rencores familiares, envidias de grupúsculos derivadas de las fragilidades de la Segunda Republica, traiciones elementales de los que todos ya hemos oído. No es una época tan lejana. Por supuesto, el libro acaba mal. Si no, no sería un libro de la guerra civil.

El libro no es malo. Es ágil. Triste. Absolutamente prescindibles las partes en cursiva en las que los personajes hablan en primera persona recordando lo escrito justo el párrafo anterior. Rompe el ritmo de lectura y te saca del libro. Probé a saltarme en un capitulo las cursivas y mejoró mucho. Por supuesto, volví a leer todo después.

No ha estado mal. Pero tampoco va a ser un libro que recuerde como una experiencia fundamental.